Entre la política y el desvarío
Sin ética no hay futuro
Pero para nuestro presidente sí, y queda reflejado en un dicho de Javier Milei en el Foro de Davos.
En ese contexto llegó una de las frases más comentadas del discurso. “El capitalismo de libre empresa no socava los valores morales, el dilema entre eficiencia y justicia es falso, los mercados son superiores en lo productivo y son justos. Maquiavelo ha muerto, es momento de enterrarlo”, afirmó Milei, usando al pensador renacentista como símbolo de una forma de entender la política desligada de la ética. Transcribió el portal Data Clave.| Nicolás Maquiavelo |
El filósofo italiano nació el 3 de mayo de 1469 en Florencia, en pleno Renacimiento, en una ciudad atravesada por disputas internas, guerras y cambios de mando constantes, con familias como los Médici disputándose el control.
Proveniente de una familia con tradición notarial y política, aunque sin grandes recursos, Maquiavelo ingresó en 1498 a la administración pública de la República Florentina, luego de la ejecución de Girolamo Savonarola, el predicador que había impulsado un gobierno de corte teocrático. Durante catorce años se desempeñó como secretario de la Segunda Cancillería, con responsabilidades diplomáticas y militares.
Ese rol lo llevó a recorrer Europa y a tratar de cerca con figuras centrales del poder de la época, como César Borgia, el papa Julio II y el rey francés Luis XII. Esas experiencias marcaron su mirada sobre la política, basada menos en ideales y más en la observación cruda de cómo se ejerce el poder en escenarios inestables y fragmentados.
La caída llegó en 1512, cuando los Médici retomaron el control de Florencia. Maquiavelo fue destituido, acusado de conspiración y sometido a torturas. Alejado de la función pública, se refugió en su finca de San Casciano, donde volcó sus ideas en la escritura. Murió el 21 de junio de 1527, a los 58 años, sin ver publicada en vida su obra más influyente.
Ese libro fue El Príncipe, escrito en 1513 y publicado de manera póstuma en 1532. Dedicado a Lorenzo de Médici, el texto se convirtió en un manual para gobernantes sobre cómo conquistar y sostener el poder en un mundo atravesado por la inestabilidad. A diferencia de los tratados medievales, que priorizaban la virtud cristiana, Maquiavelo propuso un enfoque pragmático, apoyado en la historia y en la naturaleza humana.
Entre sus ideas centrales aparece el concepto de “virtúd”, entendida como habilidad, astucia y determinación, frente a la “fortuna”, el azar o las circunstancias imprevisibles. Para el florentino, gobernar bien no implicaba ser moralmente bueno, sino efectivo. También se le atribuye la famosa idea de que los fines justifican los medios, aunque la frase no aparece de forma literal en su obra.
En El Príncipe, Maquiavelo sostiene que un gobernante debe estar dispuesto a recurrir a la crueldad, el engaño o la fuerza si eso garantiza la preservación del Estado, siempre de manera calculada. Recomienda ser “zorro” para detectar trampas y “león” para infundir temor, y llega a escribir que “es mejor ser temido que amado” cuando no se puede ser ambas cosas.
